jueves, 11 de septiembre de 2008

el puente viejo

El puente esta despejado. Tomo fuerte el manubrio de la bicicleta y comienzo a pedalear, despacio, por el angosto trecho que separa las dos ciudades a traves del río. El trayecto se me hace terriblemente largo. La subida inicial ya habia dejado a mi corazon latiendo rapido pero ahora es distinto. Este latido parece retumbar en mi pecho. Me siento como flotando, como si no hubiese firmeza en el puente, como si se pudiera deshacer bajo mis pies, como si puediera dejar de existir y listo. Los veinte primeros metros superados y aun queda un largo trecho. De pronto una camioneta aparece de frente. Freno. Bajo un pie para sostenerme y con la mano derecha me aferro a algo que uso de baranda. Ni siquiera puedo mirar. El río a mi lado, abajo, parece reirse y corretear, como jugando mientras se dirije al mar, o vuelve. Retomo la marcha y otro vehículo se acerca de atras, vuelvo a repetir la rutina de aferrarme a lo seguro (¿seguro?) bueno, eso me gustaria. Continuo lento, ya queda poco. Me pierdo el paisaje, los ruidos, el sol, solo esta en mi mente terminar esto. Si no fuese por vos no hubiese sucedido. Este puente en bicicleta, nunca. Pero di mi palabra y aqui estoy, cruzando mi miedo para encontrarte. Mira que sos jodido, pedirme justo esto, a mi, ahora. El final está cerca y dos autos a la vez, cruzan el puente, todo tiembla, mis piernas casi se rinden, mi estomago duro, la espalda erguida. Y pasé. Pasé. Ahora todo es cuesta abajo, me relajo, sin pedalear. Tomo velocidad, el viento me refresca la cara, la cabeza. Tomo fuerzas para la siguiente subida, pero esta es distinta, tierra firme que me lleva a donde estas. Me acerco a la gran puerta del muro blanco que te guarda y sonrío. No voy a entrar. Llegué hasta acá, cumpli mi promesa, hice mi parte. De todas maneras, nunca crei que justo ahi te quedarias al morir.