viernes, 6 de marzo de 2009

El vestido

La calle Buenos Aires resultaba especialmente visitada esa tarde de viernes. Se notaba que eran días de cobro. Yo buscaba un vestido que se adpte a los fríos que se avecinaban. Recorrí varios locales sin suerte. Las empleadas me miraban sin disimulo la zona de mi cuerpo más corpulenta y pidiendo disculpas me decian que no podian ayudarme. Cuestion extraña, al mismo tiempo yo estaba viendo que habia vestidos en las tiendas. Al insistir, y entre una sonrisa complaciente y molestia, solo obtuve la misma respuesta una y otra vez:
- Si, ¡pero no tenemos talles grandes!.
Traté de cerciorarme de ingresar a locales para mujeres adultas, y la misma situación se repetía, una y otra vez. Decepcionada, cansada, faltaba poco para que oscurezca cuando decidí sentarme un rato en un banco de la Plaza Alsina. De espalda a la calle más comercial, como si esa postura física de rechazo tuviera alguna importancia, y me quedé con la mirada perdida.
Pasados unos minutos miré atenta hacia adelante. Justo enfrente tenia el edificio de la Catedral y me invadió de pronto el deseo de visitar a Dios, sentirme aceptada, incluida en un plan, arte de algo sin importar el tamaño de mi trasero. Seguro que si el tuviera una tienda, pensé, tendria talles para todos. Seguro tendría el vestido perfecto para mi.
Crucé la calle con un semi sonrisa, subí por las escalinatas, atravesé las puertas grandes y respirando hondo me dispuse a sentirme parte de ese ambiente espiritual. De pronto, se acercó una señora, coqueta y delgada ella, caminando apurada hacia mi, me tomó del brazo y me acompaño hasta la puerta, hablando rápido, explicandome que la iglesia no estaba abierta.
-Pero, si está abierta, de hecho entre- insistí.
Y miré las puertas, y miré otra vez a la dama de singular maquillaje y rulos generosos, cuando me dejó en la vereda y cerró las puertas grandes.
Me quedé unos segundos allí, parada, mirando madera de la puerta, desconcertada.
Quizas Dios tambien tenga horarios, era lógico, no podria pretender molestarlo a cualquier hora, en cualquier momento...
Di la vuelta y volví a la plaza, cansada de tantos intentos frustrados de satisfacer mis deseos.
Tal vez tenga que dejar de querer cubrirme con un vestido nuevo o con el amor de Dios para sentirme aceptada , sobre todo mientras mantenga el capricho se asistir en horarios no previstos por la santa institucion y me empeñe en no disminuir unos talles.

1 comentario:

versera dijo...

Si este tmb estuvo bueno reeleerlo! El echo de que sea la calle mas centrica, y la iglesia una consevadora, determina la respuesta negativa.
El aceptarse tal como uno es, es lo divinamente positivo y atractivo, moderno, celestial aprender algo asi.
No? Bueno, vi que pusiste anuncios!
Ahora esperas a que te den el si no?