domingo, 27 de marzo de 2011

La confesión

Me robé un bon o bon de un kiosco, lo confieso.
El peso de la verdad gana una vez más y estoy dispuesta a hacerme cargo de las consecuencias de mis acciones.
Tendría seis años y sucedió sin planificación: estaba esperando para ser atendida y había tanto amontonamiento que de pronto quedé apretada contra las golosinas del kiosquito. Lo agarré y me lo metí en el bolsillo, creo que ni siquiera lo hice apurada. Luego de eso compré gomitas con la moneda que traía, pero la verdad es que no recuerdo que ninguna de las golosinas hayan tenido buen sabor ese día.
¿Que la oportunidad hace al ladrón?
No lo creo, no he vuelto a comer bonobones ni gomitas desde entonces y me he cuidado de manera exagerada en pagar absolutamente todo y en no equivocarme ni siquiera en un vuelto. Luego de esta terrible confesión podré apoyar la cabeza en la almohada y finalmente, dormir profundamente toda la noche soñando con una vida feliz. Espero que no sea demasiado tarde.

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